El Magnolio y la elegancia de su porte.

Un árbol que siempre llama la atención a cualquier visitante de los jardines de Aranjuez es el magnolio. Lo primero que se ve al entrar en el Jardín del Parterre es la elegancia de su porte, y detrás el radiante Palacio Real. Hay gran cantidad de estos ejemplares, los cuales comenzaron a plantarse en tiempos de Felipe V, el primer Borbón.

Su jardinero mayor, el primero de la familia Boutelou de ascendencia francesa, llamado Esteban, tuvo que realizar algo insólito debido a que la compactación de los terrenos era un serio problema para el buen crecimiento de esta especie y similares.

¿Y qué hizo entonces? Si quería conseguir que sus raíces penetrasen en el duro suelo, diferente de otros situados al otro lado del río, debía ponérselo fácil: dinamitó cada uno de los lugares donde se plantarían los árboles. Y terminó con la compactación de «raíz».

Hilera de elegantes magnolios
Hilera de elegantes magnolios de excelente porte. Foto de Manuel M. V.

Árbol perenne, la Magnolia grandiflora según su nombre científico, puede llegar a 15-20 mts de altura. Con tronco al principio liso y luego rugoso, y ramificado a escasa altura, el elegante porte de estos árboles da la bienvenida a aquellos que entran en los Jardines históricos. Y si estamos a finales de primavera tendremos la oportunidad de disfrutar de sus atractivas y olorosas flores, además. Todo un porte cargado de elegancia digna de la mejor corte real.

Flor de magnolio
Flor del magnolio en plena primavera.

¿De dónde vinieron los magnolios?

Los magnolios se introdujeron en la localidad como árbol ornamental junto gracias a las expediciones botánicas del siglo XVIII, y provienen del sudeste de los Estados Unidos. Entre sus propiedades se menciona que esta planta fortalece el corazón, el estómago y estriñe “notablemente el vientre suelto”. El cocimiento mezclado con otros vegetales e infundido en el útero es un remedio excelente de la esterilidad según decían algunos estudiosos en el pasado. Incluso se comenta se utilizó para combatir la epilepsia y la neurosis en el siglo XIX.

El viajero que se adentre en el Jardín de la Isla y llegue hasta la Fuente de Diana Cazadora puede admirar varios de estos ejemplares (dos de ellos catalogados como Singulares según la Comunidad de Madrid), en mucho mejor estado que los primeros del Jardín del Parterre. La diosa Diana, sacerdotisa y pura según la mitología, y hermana gemela del dios Apolo, era vengativa y, se asegura, tuvo un amor “platónico” con un pastor al que besaba en las noches sin que él se diese cuenta.

Fuente de Diana Cazadora
Fuente de Diana cazadora, con su perro pastor. A su espalda se esconde uno de los magnolios que, de manera discreta, eleva su elegante figura a modo de guardián.

Y ahí está, flanqueada por varios espléndidos magnolios mucho más altos y sanos que los anteriores. El suelo en este caso ha permitido que las raíces exploren capas más profundas. Ya se sabe (o no), pero cuanto mejor se encuentra la parte subterránea de cualquier planta, mejor estará su parte de arriba.

El jardín que nunca se realizó.

Como última curiosidad decir que esta zona en cuestión se conoce como “El jardín de las flores de Boutelou”, pero que nunca llegó a realizarse. El diseñador lo había pensado originalmente al estilo “francés” de la época, y la intención era cerrarlo por un muro. Pero se perdieron los dibujos. Quizás en vez de árboles majestuosos sobre pradera tendríamos ahora increíbles flores, nunca lo sabremos. Pero sin lugar a dudas el lugar en la actualidad es de los más mágicos de todo el Jardín de la Isla.

Y esto se lo debemos en parte a la existencia de los abundantes magnolios y la elegancia de su porte.

Uno de los elegantes magnolios singulares.
Uno de los elegantes magnolios singulares al lado de la Fuente de Diana.

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